Miércoles, 21 Octubre 2020

E El baúl del recuerdo

Las osamentas de los Héroes de la Independencia

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Los ires y venires que han padecido las osamentas de nuestras figuras heroicas.

(Parte I)

Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para comentar que el 14 de Octubre de 1811, los cráneos de Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, fueron colocados en cada una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, ahí permanecieron hasta el año de 1821, cuando fueron bajados, sin más ceremonia. Debió haber sido un espectáculo grotesco, hasta para los habitantes de la ciudad de Guanajuato, acostumbrados a la presencia inanimada de las cabezas de los insurgentes. Sin embargo, poco conocimiento se tiene de cuál fue el destino de los restos de los personajes que participaron en la Guerra de Independencia y resulta que finalmente la mayoría fueron sometidos a una serie de viajes innecesarios en el afán de reconocer el legado que nos dieron a todos los mexicanos.

Los que habían sido los rostros de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, no eran más que rostros cubiertos de alimañas, en jaulas cochambrosas colocadas en cada esquina de la Alhóndiga, ausentes de sus cuerpos que permanecían enterrados en el cementerio de Chihuahua, mientras que el cuerpo de Hidalgo estaba enterrado en el Convento de San Francisco y de ahí fueron llevados a la iglesia de San Sebastián, en Guanajuato.

En 1823, los primeros caudillos del movimiento de Independencia en 1810 fueron declarados beneméritos de la Patria en grado heroico. A manera de desagravio, se ordenó exhumar y reunir los restos de los héroes para ser trasladados a la Ciudad de México; fueron resguardados en la Catedral. Sin embargo, llegaron incompletos. De Aldama no se logró recuperar el cuerpo, por encontrarse revuelto entre otros huesos; pero más aún, en un croquis que se levantó para ubicar los restos de los caudillos, no se menciona ni el cráneo.

Por el mismo decreto de 1823, también arribaron a la capital mexicana los huesos de los otros insurgentes considerados héroes nacionales: la osamenta de José María Morelos y Pavón, que fue fusilado como traidor (por la espalda y de rodillas), llegó de su tumba en la capilla de San Cristóbal Ecatepec a la Villa de Guadalupe, donde se reunió con los cuatro próceres de la primera insurgencia y siguió su camino a la Catedral Metropolitana.

Los restos de Morelos debían estar completos, debido a que Félix María Calleja concedió que no se separa la cabeza del cuerpo, considerando que bastante había sufrido el caudillo en la prisión, con su arrepentimiento, así como con la degradación eclesiástica, sin embargo, años después se propagó el mito de que el hijo de Morelos, se había hecho de los restos de su padre y que estos permanecían en una tumba en Francia.

De la autenticidad de los restos Mariano Matamoros y Guridi, paso su infancia en Ixtacuixtla, Tlaxcala, se ordenó sacerdote en la Ciudad de México, en relación a sus restos hay muchas dudas todavía. Murió en Valladolid actual Morelia y el cuerpo se exhumó de la capilla del convento de San Francisco, entre los restos se encontraba parte de la vestimenta, como el cuello clerical y el pantalón. Sin embargo, fue buscado en el lugar donde algunos testigos “recordaban” fue sepultado. Los huesos se llevaron a la Catedral donde permanecieron hasta 1911.  

En 1817 murió Pedro Moreno, en acción y Javier Mina que fue fusilado. Al primero le cortaron la cabeza para enviarla como escarmiento público a su tierra natal, que actualmente se llama Lagos de Moreno, Jalisco; el cuerpo fue enterrado en la Hacienda de la Tlachiquera. Por un tiempo se pensó y se difundió que el cráneo que se encuentra en la urnas del Ángel de la Independencia con la “M” marcada era de Moreno y no de Morelos.

A Javier Mina se le enterró, en el lugar donde fue fusilado en el Cerro del Bellaco, el cuerpo se exhumó completo y está registrado en las urnas de la Columna de la Independencia. Ese mismo año también murió Víctor Rosales, quién peleó al lado de Ignacio López Rayón, su cadáver fue enterrado en el pueblo de la Huacana, se exhumó completo en 1823 y se supone que se entregó a la Catedral, aunque nada se supo de él.

Los cuerpos no recuperados fueron de Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana y Mariano Abasolo. Se dice que el cuerpo de Leonardo Bravo fue enterrado en el cementerio de la Santa Veracruz, no existe certeza de ello. Miguel Bravo murió en Puebla, pero el templo donde se le dio sepultura fue remodelado y fueron removidos los cuerpos. Abasolo murió en Cádiz y se desconoce su paradero. Galeana falleció al tratar de salvar la vida, le dieron el tiro de gracia y su cabeza se exhibió para el escarnio público. Nunca se supo donde quedaron ambas partes de su cuerpo. ESTA HISTORIA CONTINUARÁ…

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