Jueves, 25 Abril 2019

E El baúl del recuerdo

Los tamales y el día de la candelaria

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“El que nace pa´ tamal del cielo le caen las hojas”

Hoy el Baúl de los recuerdos se abre para comentar acerca de un manjar de origen prehispánico emanado del maíz,  que ha formado parte de los alimentos  de los seres humanos más encumbrados hasta de los más humildes, su presencia es casi obligada en todo tipo de reuniones, ya sean: políticas, religiosas, culturales, traslados, velorios, cumpleaños, bodas, bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, pedimentos,  etc. Claro, siendo el platillo tradicional que se degusta el Día de la Candelaria. Como todos sabemos, a quien le toque muñeco en la partida de la rosca de Reyes, asume una deuda, que tendrá que saldar el 2 de febrero. 

Es oportuno decir, que la celebración de la Candelaria  era una fiesta dedicada a la purificación de la Virgen María, y no al Niño Dios, en la cual las poblaciones indígenas y campesinas llevaban a bendecir a las iglesias las semillas que utilizarían en la siembra de sus tierras para obtener buenas cosechas y que además, estuvieran libres de plagas. El menú para dicha solemnidad consistía en platillos que tuvieran como base el pato y algunas otras aves migratorias que llegaban a los lagos cercanos a la Ciudad de México durante la época invernal.

El cambio de los platillos de pato a tamales pudo deberse al desecamiento de los lagos que rodeaban a la ciudad de México, lo cual habría ahuyentado a las aves que residían ahí en esas fechas. Este hecho, fue de la mano con el cambio de la imagen religiosa a celebrar en dicha festividad, al pasar de la Virgen María al Niño Dios.

El tamal es uno de los platillos representativos de la cocina mexicana. En todo el país se produce una gran variedad de tamales cuyos nombres dependen de los condimentos con los que son elaborados: dulce, rojo, verde, pipián, mole, rajas, ayocote, frijol, piña, chocolate, queso con epazote…o de la región de donde son originarios costeños, oaxaqueños, jarochos, etc. 

La variedad de tamales, aparte de ser vasta y un verdadero deleite, aglomera tradiciones de no pocas cocinas típicas del territorio nacional, las cuales han dado prestigio, riqueza cultural y arraigo entre los mexicanos. Generalmente se envuelven en hojas de mazorca, aunque también los hay en hojas  de plátano, papatla y de hierba santa, entre otras, o servidos “encuerados”. La diversidad de este platillo enlista características ejemplares, como los tamales barbudos, típicos de Sinaloa, en cuyo interior se agregan camarones con cáscara; los de Judas, elaborados con masa de maíz rojo y endulzados con miel de piloncillo; tamales tontos, hechos de pura masa cocida al vapor, sin más condimentos que anís, sal y manteca, tienen forma plana, con ellos se acostumbra comer el mole de guajolote.

Desde antes de la llegada de los españoles, el tamal era un platillo servido en muchas de las celebraciones religiosas a lo largo del año. Fray Bernardino de Sahagún, en su libro “Historia general de las cosas de la Nueva España” hace un listado de los que pudo conocer a través de sus informantes, a partir,  de los elementos de los cuales eran rellenados y las distintas supersticiones alrededor de su cocimiento. Algunas de estas supersticiones  prevalecen hasta nuestros días, en la mayoría de los casos dependen de las costumbres que se van heredando, de generación en generación,  de madres a hijas, dando vida a  la historia oral.  Algunas de ellas son:  si una persona se enoja,  entonces los tamales no se cuecen, en este caso, la persona que se enojó tendrá que bailar alrededor del bote, en otros casos tendrá que pegarle; otras personas les amarran las orejas al bote, donde se cuecen los tamales para que no escuchen; otras más, agregan un tamal de cal para evitar cualquier contratiempo; en otros casos, en el fondo del bote de los tamales se echan algunas monedas, se dice que se les paga a los tamales para que se cuezan.

En Zacatelco, el consumo de tamales es cotidiano, en la actualidad pocas personas realizan todo el procedimiento para su preparación, el uso del metate ha pasado a segundo término, es más las jovencitas ya no lo conocen, mucho menos el metlapil. Muy pocas personas, acuden a  moler nixtamal. Actualmente acuden a comprar la masa, las hojas de la mazorca y preparan los condimentos  para su elaboración. Por otra parte, podemos ver que durante varias generaciones familias completas se han dedicado a su venta, con la finalidad de llevar el sustento a sus hogares.

En el parque, en el mercado y en las calles de Zacatelco, podemos ver a los tamaleros, ofreciendo su producto. A lo largo de la historia se han publicado muchas fórmulas para la elaboración de tamales en los manuales y recetarios de cocina mexicana editados en el país, a decir verdad, algunos son bastante sofisticados. Sin embargo, la mejor receta es la que tiene usted, la que le heredó la abuela. Imagínese ahora mismo disfrutando de un tamal bien calientito de mole con un buen trozo de carne de puerco ¿No le gustó? Bueno, le propongo uno de rajas bastante picoso, acompañado  de un vaso de champurrado bien caliente. ¡Buen provecho¡

 

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Noticias de Tlaxcala

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